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Del presupuesto a la factura: volver a teclear es donde se cuelan los errores

El presupuesto que el cliente aceptó ya tiene los datos correctos. Cada vez que alguien los copia a mano en la factura aparece la posibilidad de equivocarse. Y esos fallos se descubren tarde, cuando ya no se pueden arreglar sin ruido.

· 5 min de lectura

La secuencia es siempre la misma. Preparas un presupuesto con seis líneas, sus precios, sus descuentos y su IVA. El cliente lo acepta. Haces el trabajo. Y entonces abres el programa de facturar y vuelves a escribir las mismas seis líneas.

Ese momento, el de volver a escribir lo que ya estaba escrito, es el punto donde más fallos se generan en un negocio pequeño. No porque la gente sea descuidada, sino porque es una tarea aburrida que se hace con prisa y a última hora del día.

Los cuatro errores clásicos

Con los años se repiten siempre los mismos, y ninguno es exótico.

  • El descuento que se olvida. En el presupuesto había un 10 % en la segunda línea. En la factura no aparece. El cliente lo ve, llama, y ahora hay que rectificar una factura ya emitida.
  • El tipo de IVA cambiado. Dos líneas al 21 % y una al 10 %, y en la factura van las tres iguales. Este no lo detecta el cliente: lo detecta la gestoría cuando cuadra el trimestre, o no lo detecta nadie.
  • La retención que falta. Si tu actividad la lleva, el importe a cobrar cambia. Facturar sin retención cuando tocaba retener es de los líos más molestos de deshacer.
  • La cantidad tecleada mal. 12 horas escritas como 1,2, o 1.200 € como 120 €. Un dedo. A veces se ve en el total y a veces no.

Todo dato que se teclea dos veces acaba, algún día, siendo dos datos distintos.

Por qué duele más que antes

Hasta hace poco, un error en una factura recién emitida se arreglaba abriendo el documento y cambiándolo. Con el registro de facturas eso ya no es posible: emitida es emitida. La corrección se hace con una rectificativa, que es un documento más, con su número, que hay que explicar al cliente y que la gestoría tiene que ver.

No es dramático, pero convierte un despiste de treinta segundos en diez minutos de trabajo y una conversación. Multiplícalo por las veces que pasa al mes.

Qué debería arrastrarse del presupuesto

Cuando un presupuesto aceptado se convierte en factura, no basta con copiar los conceptos y el importe. Lo que tiene que viajar entero es esto:

Dato Por qué importa
Cliente y datos fiscales Nombre fiscal exacto y CIF. No el nombre comercial que usáis por teléfono
Líneas, cantidades y precios Es lo que el cliente aceptó. Si cambia, que cambie a propósito
Descuentos Por línea, no una rebaja al final que nadie sabe de dónde sale
Tipo de IVA por línea Una factura puede llevar varios tipos. El total no avisa si uno está mal
Retención Cambia el importe a cobrar, no la base
Condiciones de pago El vencimiento se calcula solo desde la fecha de la factura
Referencia del presupuesto Para que dentro de un año se sepa de dónde salió esa factura

Facturas parciales: el caso que se complica

Muchos trabajos no se facturan de una vez. Hay un anticipo al firmar, una factura a mitad y otra al entregar. Aquí el copiar y pegar se vuelve peligroso de verdad, porque hay que llevar la cuenta de lo ya facturado y de lo que queda.

El error típico no es facturar de más, que se nota enseguida porque el cliente protesta. Es facturar de menos: queda un tramo pendiente que nadie reclama y el trabajo termina cobrado al 80 %. Eso no lo ve nadie salvo que el presupuesto y las facturas estén conectados.

Cómo debería funcionar

La versión sana del proceso es corta. El presupuesto se acepta. Desde el presupuesto aceptado se crea la factura, con todo dentro. Se revisa, se ajusta si hay algo que realmente ha cambiado, y se emite. El presupuesto queda marcado como facturado y se ve a simple vista qué presupuestos aceptados siguen sin facturar.

Ese último punto vale más de lo que parece. La lista de «aceptado pero no facturado» es una de las pocas listas que devuelve dinero directamente. En casi todos los negocios hay al menos un trabajo terminado hace meses que nunca llegó a facturarse porque se cruzó otra cosa.

Si sigues con documentos sueltos

Mientras montas algo mejor, dos costumbres que ayudan. La primera: revisar la factura contra el presupuesto antes de emitir, línea a línea, aunque parezca tontería. La segunda: anotar en el presupuesto la fecha y el número de la factura que salió de él. Es un apunte de cinco segundos que te ahorra la pregunta de dentro de seis meses.

Nada de esto es sofisticado. Es simplemente no escribir dos veces lo mismo.

Cómo lo hace CRM Cron

El presupuesto aceptado se convierte en factura sin volver a teclear nada: líneas, descuentos, IVA por línea, retención y condiciones de pago viajan enteros. El presupuesto queda enlazado con su factura, y los aceptados sin facturar salen en una lista. Ver qué incluye.

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