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Qué cambia con VeriFactu si eres autónomo y facturas poco
La conversación suele empezar igual: «yo emito cuatro facturas al mes, esto no irá conmigo». Va contigo. Y no cambia tanto lo que declaras como la forma de hacer una factura.
Una aclaración antes de empezar: aquí no vamos a dar fechas concretas ni a citar artículos. Eso lo tiene que mirar tu gestoría con tu caso delante, porque depende de tu situación. Lo que sí se puede explicar, y es lo que casi nadie cuenta, es en qué cambia tu trabajo del día a día.
Resumido en una frase: el programa con el que facturas pasa a ser parte del sistema. Ya no es un sitio donde escribes una factura; es un registro que deja constancia de lo que has hecho y de cuándo lo has hecho.
La factura, una vez emitida, no se toca
Este es el cambio de verdad. Hasta ahora mucha gente trabajaba así: emito la factura, se la mando al cliente, el cliente me pide otra dirección o una línea más, abro el documento, lo cambio y se lo vuelvo a mandar. Mismo número, mismo archivo, contenido distinto.
Eso se acabó. Cuando una factura se emite, queda registrada con una huella que depende de su contenido y de la factura anterior. Si cambias un importe, la huella deja de cuadrar. No es que el programa te riña: es que la cadena se rompe y se nota.
Emitir deja de ser «guardar el documento» y pasa a ser un acto con consecuencias.
En la práctica esto obliga a algo sano: revisar antes de emitir. Mirar el CIF, el concepto, el IVA y la retención antes de darle al botón, no después. Quien factura poco lo tiene fácil. Quien emite cien al mes necesita que los datos del cliente estén guardados y no se tecleen cada vez.
La numeración no puede tener huecos
Segunda cosa que cambia. Tu serie de facturas tiene que ir correlativa y sin saltos: 1, 2, 3, 4. No puedes emitir la 12, arrepentirte, borrarla y emitir la 13 como si la 12 no hubiera existido. Ese hueco es una pregunta esperando a que alguien la haga.
Aquí es donde la hoja de cálculo empieza a fallar. En un Excel, borrar una fila es un clic y nadie lleva la cuenta de las filas borradas. El día que hay que explicar por qué falta la 12, la respuesta honesta —«me equivoqué y la borré»— no sirve de mucho.
Si usas varias series (por ejemplo una para tu actividad principal y otra para algo puntual), cada una lleva su propia cuenta y cada una tiene que ir seguida por su lado. Lo importante no es cuántas series tengas, sino que ninguna tenga agujeros.
Los errores se corrigen con una rectificativa
Si no se puede modificar y no se puede borrar, ¿qué haces cuando te equivocas? Emitir una factura rectificativa: un documento nuevo, con su propio número, que dice qué factura corrige y en qué. Puede corregir el importe, un dato del cliente o anular la operación entera.
No es un invento reciente ni un castigo. Las rectificativas existen desde siempre; lo que pasa es que mucha gente no las usaba porque era más cómodo reescribir el documento original. Esa comodidad ya no está disponible.
| Lo que ha pasado | Lo que se hace |
|---|---|
| Te has equivocado en el importe | Rectificativa por la diferencia, o rectificativa que anula y factura nueva correcta |
| El CIF o el nombre del cliente están mal | Rectificativa que corrige los datos, indicando a qué factura se refiere |
| El trabajo se cae después de facturar | Rectificativa que anula la operación |
| Has emitido dos veces lo mismo | Rectificativa que anula la duplicada. El número no se reutiliza |
| El cliente quiere otra redacción del concepto | Si el importe y la operación no cambian, se habla con él. No todo se rectifica |
Un detalle que confunde a mucha gente: la rectificativa no hace desaparecer a la original. Las dos existen. Lo que queda es un historial: esta factura se emitió y después se corrigió así.
Qué pasa con el Word, el Excel y las plantillas
Hay que decirlo claro: una plantilla de Word donde cambias el número a mano no encaja en este modelo. No porque esté prohibido escribir, sino porque falta todo lo demás: el registro, la huella, el control de que no haya huecos y el rastro de las correcciones.
Lo mismo vale para el Excel casero con macros, para el bloc de notas y para el cuaderno. Puedes seguir usándolos para hacer cuentas; para emitir facturas, no.
Si emites cuatro facturas al mes, ¿qué tienes que hacer?
Menos de lo que temes, pero algo hay.
- Tener un programa que registre. Da igual cuál, mientras cumpla. Lo que no vale es seguir con el documento editable.
- Guardar bien los datos de tus clientes. Nombre fiscal exacto, CIF o NIF, dirección y condiciones de pago. Una vez, bien, y ya no se vuelve a teclear.
- Saber hacer una rectificativa. Haz una en pruebas para saber dónde está el botón. El día que haga falta habrá un cliente esperando al teléfono.
- Dejar de borrar. Si una factura no vale, se rectifica. No se quita.
- Avisar a quien factura por ti. Si en tu negocio emite facturas otra persona, tiene que saber esto antes que tú.
Lo que no cambia
Tus obligaciones de siempre siguen donde estaban: presentar tus modelos, llevar tus libros y conservar los documentos. VeriFactu no declara por ti ni te quita trabajo con la gestoría. Tampoco es una inspección permanente: es un registro.
Y una cosa más, que se pierde con el ruido. Facturar así no es solo un tema legal. Una numeración limpia y unas facturas que no se pueden tocar también te protegen a ti el día que un cliente discute lo que se acordó. La factura deja de ser tu palabra contra la suya.
Cómo lo hace CRM Cron
En CRM Cron el registro en VeriFactu va dentro de la cuota, sin módulo aparte: emites la factura y queda registrada, con su huella y su numeración sin huecos. Las rectificativas se hacen desde la propia factura. Cómo funciona con VeriFactu.
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